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lunes, 24 de febrero de 2014

LA ESTEPA INFINITA - Esther Hautzig



Pese a tratar sobre un tema del que me gusta leer, no se trata de un libro que me haya llamado la atención desde las estanterías de las librerías, y eso que después de intentar echar un vistazo por las páginas de internet para hacerme una idea, he visto que es un libro bastante elogiado (y, después de haberlo leído no me extraña), y si no hubiese sido porque me lo recomendó una persona con la que suelo coincidir en gustos, quizás no hubiese pasado jamás por mis manos, ya que ni el título ni la portada hubieran conseguido que a simple vista me fijara en él. Además, el nombre de la autora tampoco me era conocido.

Indudablemente estar editado por Salamandra es una garantía, pero hasta este detalle creo que me hubiese pasado desapercibido.

LA AUTORA


Esther Hautzig es una escritora polaca, de origen judío, que nació en Vilna en 1930, desde donde fue deportada a Rubstoysk (Sibería) por un período de 5 años (período relatado en esta novela), cuando entraron en su país las tropas soviéticas.

Tras ser liberada vuelve a Polonia, después viaja a Suecia y por último se traslada a Nueva York, ciudad en la que murió en noviembre de 2009.

Aunque escribió algunos relatos para niños, la obra por la que Esther Hautzig es conocida es precisamente sobre la que versa esta opinión La Estepa Infinita, que escribió en 1968, y que fue nominada al National Book Award al año siguiente, y por la que recibió numerosos premios, entre los que se encuentran el Lewis Carroll Shelf Award, Jane Adams Children’s Book Award, o el Prix du Livre pour la Jeunesse de la Fondation de France, en 1987.


ARGUMENTO

Esther tiene 10 años y vive en Vilda, una ciudad de Polonia, en una casa con un gran jardín alrededor con macizos de flores. Es una casa enorme en la que vive toda su familia: sus padres, sus abuelos paternos, sus tíos, sus primos. Cada uno dispone de su propio apartamento pero las puertas nunca están cerradas.

A Esther no le falta de nada. El nivel económico de su familia es alto, aunque su madre opina que para formar el carácter de una niña rica le conviene ir a una escuela en la que haya niños de todos los niveles económicos.

El orden preside su vida, y tiene todos los días planificados hasta el último minuto con actividades a la salida del colegio: danza, clases de piano, ir a la biblioteca, etc.

Pero un día sus costumbres se verán alteradas y nada volverá a ser lo mismo.

Unos soldados rusos que apuntaban a su padre con una bayoneta llaman a la puerta de su casa y les ordenan que hagan la maleta, que recojan sus cosas que tienen que acompañarles. Después son trasladados en unos camiones, junto a otras personas, a la estación, donde les hacinaron en unos vagones para ganado, en los que emprenderían un viaje del que no sabían la duración, ni el destino.

Tras un viaje inhumano, días más tarde el tren pararía definitivamente en Rubtsovsk, un pueblo minúsculo en medio de la nada, en la Estepa Siberiana.

Allí viviría Esther durante los siguientes cinco años en unas condiciones que jamás se hubiese imaginado.

MIS IMPRESIONES

Según nos cuenta la autora esta novela existe gracias a que Adlai E. Stevenson, político y diplomático estadounidense, que tras visitar Rubtsovsk, publica varios artículos sobre su viaje.

Esther, después de leerlos, decide escribir a Stevenson para contarle lo que ella vivió en Siberia. Stevenson contesta su carta con una sugerencia: “Creo que debería escribir un libro sobre su vida en esa región de la Unión Soviética durante aquellos días tan difíciles de la guerra. Ese libro nos sería mucho más útil que mis artículos. ¡Y seguro que estaría mejor escrito!”.

Por fortuna, Esther se decidió a poner manos a la obra y hacer efectiva esta propuesta. 

Si tuviera que manifestar cual me parece el resultado lo calificaría como un relato que me ha encantado, me ha emocionado y recomiendo.

Después de lo mencionado unos párrafo antes, ya os imaginaréis que “La Estepa Infinita” es un relato autobiográfico de los años que Esther Hautzig vivió, junto con sus compatriotas deportados, en Rubtsovsk. Cómo fue su vida desde que llegó hasta que, por fin, les liberaron. Nos cuenta como fue ese viaje hasta aquel lejano lugar, en que condiciones lo hicieron. Cómo, cuando llegaron, les encomendaron a todos ellos unos trabajos sin tener en cuenta la edad, el sexo o las condiciones físicas en las que se encontraban. Cómo vivieron en una vieja escuela de totalmente vacía, donde todos dormían en el suelo, sin calefacción y con insuficiente comida.

También nos relata cómo después de este primer período se concede a los polacos deportados una anmistía consistente en que podrían vivir en el pueblo y se les asignaría un trabajo remunerado. Cómo aunque mejoró algo su situación y sus trabajos y hasta tuvieron la suerte de encontrar alojamiento en el pueblo compartiendo casa con otras familias, seguían viviendo en unas condiciones en las que jamás se hubiesen imaginado que podrían vivir. Con unos veranos tan calurosos que era costosa la supervivencia y unos inviernos en los que era muy difícil sobrevivir sin el calzado y la ropa adecuadas (aunque en algunos casos hasta esto era insuficiente), y en unas casas, por llamarlas de alguna forma, en las que hasta un vaso de agua se agua se congelaba por la noche; con unas raciones de comida sumamente escasas en las que algo de leche o un huevo era todo un lujo impagable en el mercado; donde cualquier enfermedad era casi imposible curar.

Todo esto nos es relatado en primera persona lo que hace que nos produzca una mayor sensibilidad hacia lo que nos cuenta, que nos sea más cercano, que nos impliquemos más en la historia, logrando que seamos conscientes de cómo se sintió en cada momento, en cada suceso, en cada acontecimiento, porque ella es la verdadera protagonista de los sucesos que nos lo cuenta.

Pero en cambio todo esto que es tan duro y negativo nos lo relata sin ninguna clase de resentimiento o pesimismo, no pretende dar pena, al revés, todo lo veía con optimismo, se podría decir que quiere encontrar el lado bueno de todo lo que allí sucedió, que no había que hundirse, al revés, había que mirar con la cabeza alta, con orgullo, luchar (en la medida en que podían) para que las cosas mejorasen. 

Nos cuenta sucesos de gran sufrimiento en aquel campo de trabajo, aunque no existiera la brutalidad o el exterminio que podría darse en un campo de concentración. De hecho no estaban encerrados y nadie les vigilaba, porque no hacía falta, no había forma de escapar de allí; pero todo esto nos lo relata sin recrearse en su infortunio, como si lo que allí sucediera fueran hechos normales, como si se tratara de lo que les había tocado vivir y no hubiera lugar a quejarse o compadecerse de ellos mismos.

Un relato que nos conmoverá tanto para que en alguna ocasión se nos salte alguna lágrima, pero también en algún momento nos hará sonreír.

Me he encontrado con relato distinto a lo que solemos encontrar. Como ya he dicho no se pierde en divagaciones, es un testimonio directo, contado por una adolescente, en el que utiliza un lenguaje sencillo, pero con unos comentarios que no son tan simples como a primera vista pueden parecer ya que contienen una gran profundidad, y que nos hacen comprender la madurez que ha alcanzado a pesar de su edad. 

El relato usa un tono adecuado a una niña/adolescente de esa edad, que se da cuenta y es consciente de lo que sucede, aunque no sea totalmente capaz de entender el motivo. Además no se recrea en los hechos negativos, como dando por sentado que es suficiente con lo que cuenta,  y el lector tiene que ser capaz de imaginar la intensidad de las penalidades, el sufrimiento, la necesidad, el cansancio, el calor, el frío, el hambre etc. por las que están pasando, y que por lo menos en mi caso lo ha conseguido.

Con todo esto, creo que ha quedado claro que Esther Hautzig ha conseguido que me haya sentido atrapada por las páginas de este relato, por su historia, por sus vicisitudes, por su sufrimiento, por sus penas y sus alegrías. Ha conseguido hacerme partícipe de su vida durante estos años y que conociera un poquito de la vida de estos deportados, cuyo único crimen consistió en que se les considerase capitalistas. En definitiva una novela que no te deja indiferente y cuya lectura recomiendo totalmente.


15 comentarios:

  1. Tienes razón, yo tampoco me habría fijado mucho en la portada y título en cambio a través de tu reseña veo que su lectura merece la pena. Me llama la atención y más siendo autobiográfico.
    Besos!

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  2. No termina de llamarme del todo este libro.

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  3. Tiene buena pinta y no lo conocía. Me lo apunto.

    Un beso!

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  4. Es obvio que la portada (y el título) son de lo más insipido, pero todo lo que cuentas sobre la historia es sumamente atractivo.

    Un beso.

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  5. Vaya, pues no lo conocía, me lo llevo apuntado :-) Un beso!

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  6. Pues no lo conocía pero me gustaría leerlo, me llama la atención tanto por la época en la que transcurre como por ser autobiográfico
    Besos

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  7. No me sonaba de nada,no lo descarto..

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  8. Yo tampoco lo conocía, pero no pinta nada mal. Puede que me anime más adelante.
    ¡Un abrazo!

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  9. No lo conocía, pero no sé si me apetece ahora mismo tanto sufrimiento, y más siendo una historia real.
    Besos!

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  10. No lo conocía y, como a ti, nunca me lo hubiera llevado a casa simplemente por la portada y el título. Ahora casi tengo necesidad de leerlo. Besos.

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  11. No me sonaba de nada. Y me ha llamado mucho la atención la historia que cuenta. Me lo llevo bien apuntado.
    Besotes!!!

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  12. Desde luego, es que es difícil fijarse en él con esa portada y ese título tan absolutamente anodinos.
    Me ha recordado a Entre tonos de gris.
    Me lo llevo apuntado
    Besos

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  13. Me ha encantado. Tu opinión, la reseña, el argumento.. todo.
    Me ha encantado TODO
    Te lo robo, me da igual la portada
    Besos

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  14. Una reseña perfecta, más que nada porque cumple su función perfectamente, si la hubiera visto antes de ella seguramente no me hubiera fijado en ella, pero ahora me la llevo anotada sin dudar.
    Besos

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  15. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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